sábado, 23 de agosto de 2008
jueves, 15 de mayo de 2008
El Bombo
Es un instrumento musical de percusión membranófono, consistente en un cilindro, generalmente de madera, en cuyos extremos se ajusta una membrana estirada, usualmente de cuero, que es golpeada con varillas o palitos para producir sonidos.
Son muchos los tipos de bombo existentes dentro del folklore andino y en cada región reciben distintos nombres, formas y tamaños. De esta manera podemos encontrarnos cajas chayeras o tinyas en Bolivia (con cilindros de poca altura y en ocasiones un gran diámetro) o Bombos de cilindro alto en Argentina donde existen también variantes típicas de cada región concreta. Dignos de mención por su calidad son los bombos Salteños y los Santiagueños y por supuesto el bombo legüero de gran tamaño y que recibe su nombre por su potente y grave sonido, capaz de oírse a una legua de distancia. Excavaciones recientes, revelan la existencia de alguno de estos bombos en culturas preincaicas.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Guitarra

La guitarra es un instrumento musical de cuerda pulsada, compuesto de una caja de madera, un mástil sobre el que va adosado el diapasón o trastero, generalmente con un agujero acústico en el centro de la tapa y seis cuerdas. Sobre el diapasón van incrustados los trastes, que permiten los diferentes tonos.
En la India estos instrumentos eran conocidos en idioma sánscrito como sitār, palabra que proviene de dos palabras indoeuropeas que darían origen a la palabra española “guitarra”:
la raíz guīt (que produjo las palabras sánscritas guitá: ‘canción’, o sangīt: ‘música’) y
la raíz tar, que significa ‘cuerda’ o ‘acorde’.
Estos instrumentos llegaron hasta los griegos, que deformaron ligeramente su nombre, kizára, que los ingleses transliteran kithara. Luego tomaron este nombre e instrumento modificándolo por kíttara y chíttara, que en castellano se terminó llamando cítara.
El primer instrumento con mástil fue la ud árabe, cuyo nombre los españoles terminaron fundiendo erróneamente con su artículo: «la ud» femenina se convirtió en el masculino «laúd». Fueron precisamente los árabes quienes introdujeron el instrumento en España, donde evolucionó de acuerdo a los gustos musicales de la plebe bajo dominación musulmana.
En todo caso, parece claro que fue en España donde tomó carta de naturaleza, pues a diferencia de las guitarras construidas en otros países y lugares de Europa, donde se fabricaban guitarras sobrecargadas de incrustaciones y adornos que la hacían casi imposible de tocar, la guitarra española se hacía para ser tocada y fue tan popular que incluso Sebastián de Covarrubias, capellán de Felipe II y egregio lexicógrafo español, llegó a decir: “La guitarra no vale más que un cencerro, es tan fácil de tocar que no existe un campesino que no sea un guitarrista".
Die Gitarrenspielerin (en español La guitarrista, pintado antes de 1670), de Jan Vermeer van Delft (1632-1675)
Aunque todos los países reivindican su intervención en la invención de la guitarra (con especial mención de los franceses, muy reivindicativos en este punto) aspectos tales como la forma, la estructura y la afinación, derivan directamente de la guitarra tal como los luthieres españoles la diseñaban, sin olvidarnos de los europeos como Stauffer, de quien derivan los diseños de su discípulo C. F. Martin.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX, algunas guitarras usaban seis cuerdas simples y emplearon unas barras de refuerzo debajo de la tapa armónica. Estas barras fueron añadidas para reforzar la estructura y permitieron adelgazar la tapa para obtener una mayor resonancia y una mejor distribución del sonido a lo largo de la tapa armónica. Otros desarrollos contemporáneos incluyen el uso de un mástil reforzado y elevado usando madera de ébano o palisandro, y la aparición de un mecanismo de tornillo metálico en lugar de las clavijas de madera para afinar. (Es importante destacar que el trastero elevado ha tenido un gran impacto en la técnica del instrumento porque las cuerdas estaban demasiado lejos de la tapa armónica de forma que había que apoyar uno de los dedos de la mano derecha para que sirviera de soporte a los demás). Estas guitarras serían reconocidas inconfundiblemente como las primeras guitarras clásicas.
En los comienzos del siglo XIX, en los trabajos de los españoles Agustín Caro, Manuel González, Antonio de Lorca, Manuel Gutiérrez y otros constructores europeos incluyendo a René Lacote y a Johann Stauffer encontramos las características de los precursores más directos de la guitarra clásica moderna. Johann Stauffer, vienés, tiene una reputación legendaria. Como adelantábamos, en su tienda aprendió a construir guitarras C. F. Martin, que luego se trasladaría a los Estados Unidos y cuya firma sigue construyendo guitarras hoy en día. También desarrolló el trastero elevado, a petición de Luigi Legnani, el guitarrista y primer intérprete de los conciertos del violinista genovés Paganini (1782-1840). Sus otros avances en la construcción de la guitarra incluyen un mástil ajustable y reforzado con acero y las clavijas de tornillo sin fin que todavía se usan en las guitarras modernas.
Hacia 1850, la guitarra se preparó para el más importante desarrollo que hubiera tenido desde sus comienzos: el trabajo de don Antonio Torres Jurado. Con el apoyo de Julian Arcas y sus propias y brillantes intuiciones, don Antonio Torres Jurado refinó los soportes estructurales de la guitarra incluyendo siete varas extendidas bajo la tapa armónica. Aumentó también el tamaño de la caja de resonancia y el ancho del mástil. Estas innovaciones influyeron en la mejora del volumen del sonido y la respuesta en los bajos así como el descubrimiento de una técnica para la mano izquierda para el enriquecimiento del repertorio. Ahora la guitarra ya estaba preparada tanto para las demandas del solista como para las del conjunto instrumental.
El luthier español José Ramírez III junto al guitarrista Narciso Yepes le agregaron cuatro cuerdas más en las graves, sobre un amplio mástil cuyos múltiples trastes permiten ampliar notablemente la gama de sonidos de la mano izquierda. Narciso Yepes tocó por primera vez esta guitarra de diez cuerdas en Berlín en 1964 y, a partir de ese año, fue su instrumento habitual en los conciertos, especializándose en piezas renacentistas y barrocas.
Charango

Su origen data del periodo Colonial, durante el cuál, los españoles introducen en América, entre otros instrumentos musicales, la vihuela de mano; cordófono parecido a la guitarra, que era construido fundamentalmente en tres tamaños y que estaba dotado de cinco cuerdas dobles, ya que en Europa se estaban dejando de usar las vihuelas de seis y siete cuerdas dobles.
La vihuela tenía varias afinaciones y en aquel momento estaba en proceso de fusión con la guitarra barroca que era de un solo tamaño, de cuatro cuerdas dobles y algo más pequeña que la guitarra actual.
Estas vihuelas llegan a muchas regiones del Nuevo Mundo, tomando en poco tiempo características y acentos propios de los lugares donde se iban asentando; originando así, tantos cordófonos como regiones pueblan la América latina.
De esta forma en México ven la luz instrumentos como la jaranita, la jarana, el mosquito, la concha, la guitarra jarocha, la wapanguera, etc.; en Puerto Rico el cuatro puertorriqueño (guitarra de 5 cuerdas dobles); en Colombia el tiple colombiano; en Panamá en socabón; en Ecuador el bandolín; en Chile el guitarrón (guitarra mediana de 25 cuerdas); en Perú nuevos tipos de bandurrias y el charango del que junto con Bolivia es cuna por excelencia.
Concretamente en Bolivia nace una gran variedad de charangos, todos ellos con características propias de cada región y peculiaridades sonoras bien diferenciadas, pero si hubiera que ubicar más concretamente la cuna de este instrumento, sin duda señalaríamos la ciudad de Potosí.
Se presume que los primeros charangos fueron construidos de madera laminada, probablemente extraída de los embalajes de enseres, que los españoles traían desde el Viejo Mundo, así como con maderas nobles que por intercambio comercial llegaban desde las regiones bajas a las zonas altas.
Posteriormente fueron trabajados con caparazones de armadillo (quirquincho) y más tarde en madera ahuecada (laukeados) y otros materiales.
Probablemente los charangos de armadillo son los dotados de una “firma” más autóctona por lo peculiar de los mismos, sin embargo en la actualidad son preferidos los laukeados por su estabilidad ya que el caparazón del quirquincho tiende a arquear por la inestabilidad de los ligamentos que hacen de unión entre sus bandas.
La quena
En sus orígenes era una flauta de cuatro a siete orificios de la familia de las flautas verticales con muesca, con similitudes, aunque con marcadas diferencias sonoras, con el Shakuhachi japonés, el material usado para su construcción era, mayoritariamente, la caña aunque también las había de hueso, barro cocido, plumas de cóndor… y era usada para ejecutar melodías pentatónicas, posteriormente las diatónicas para por último pasar a interpretar, con la escala cromática, cualquier clase de melodía.
Quena de hueso de un solo orificio.
Al no descifrar, hasta el momento, el formato de la escritura del imperio Inca: Los Quipus, que eran unas series de cuerdas con nudos, el primer antecedente histórico de la quena se lo debemos a los cronistas españoles en la conquista del Imperio Inca; Pedro de Cieza de León, uno de ellos, nos dice: “cuando van a la guerra llevan muchas bocinas y tambores y flautas y otros instrumentos”.
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